Un valei de pabralas que no lorgan conrtolar. Extraño comenzar un reportaje así, verdad? Como extraño resulta un día a día conviviendo con textos que se “mueven” mientras te tildan de “tonto”. Letras que bailan generando frustración. Esta es la situación por la que atraviesa 1 de cada 10 personas en España. El 10% de la población tiene Dificultad Específica del Aprendizaje (DEA) y, por lo general, no hay un conocimiento adecuado en términos generales al respecto de lo que es una dislexiafrecuentemente suele asociarse a un trastorno relacionado con la baja capacidad intelectual. Nada más lejos de la realidad, pues lo más frecuente es encontrar aptitudes medias, medias-altas o altas entre los alumnos con diagnóstico de dislexia”, explica María José López, Psicopedagoga con más de 20 años de experiencia como Orientadora en un centro educativo.

Hoy, 8 de octubre, en el Día Internacional de la Dislexia, alumnos de Infantil de CEIP Buenavista en Huércal de Almería han querido reivindicar la necesidad de concienciar a la población sobre uno de los trastornos de aprendizaje más comunes que afecta a los niños en edad escolar que, erróneamente y muy a menudo, se confunde con una enfermedad, problemas de conducta o falta de inteligencia.

Personas relevantes como Leonardo Da Vinci, Steve Jobs o Pau Donés eran disléxicos.

Todos, portando algo azul, alentados por una iniciativa de sus padres, han puesto su granito de arena para que lo que hoy son recursos necesarios inexistentes sean tónica dominante en el día a día de las personas disléxicas. Entre estos, el alumno con dislexia, aun perteneciendo a la categoría de alumno con DEA, “no puede optar a becas de ayuda por sus tratamientos profesionales externos si no presenta necesidades educativas especiales además de la dislexia”, subraya López. Del mismo modo, “toda la intervención terapéutica es privada, siendo por lo general de elevado coste para las familias. Sería muy necesario el acceso público a esta intervención, dada su prevalencia”, apostilla.

La iniciativa de estos alumnos del colegio Buenavista surgía casi por casualidad a través del grupo de whatsApp que los padres de estos tienen en común. Se compartía cartelería de la Federación Española de la Dislexia invitando a todos a darle visibilidad organizando actividades sobre el tema.

El objetivo, lograr que ningún alumno o alumna se quede excluido del sistema educativo. Sin dudarlo, los padres hoy vestían a sus hijos con algo azul.

 

“Es importante que los centros educativos cuenten con los recursos necesarios, y también que haya más información sobre qué es la dislexia. No solo es descoordinar palabras sino la disortografía, que es la dificultad de asociar la escritura de la palabra con las normas ortográficas”, explicaba María, madre de una alumna del CEIP Buenavista y familiar de una persona diagnosticada de dislexia. “Los profesores suelen tachar al alumno de no saberse las reglas ortográficas y, a veces, no es ese el problema, sino que no son capaces de identificar el error ortográfico”, subraya. Un profesorado comprometido y formado, “que comprende la diversidad y adopta medidas metodológicas en sus aprendizajes, además de acompañar y sostener al alumno en su dificultad es un recurso vital”, apuntaba en esta línea María José López.

Por eso, “es importante identificar este tipo de dificultad en edades tempranas para ayudar al alumno en su aprendizaje”, apuntaba Mar del Mar, madre de otro de los alumnos que han participado en esta iniciativa. En esta línea, hablamos con Raquel Moreno, ahora a punto de finalizar su carrera universitaria como Educadora Social, que lleva un largo camino recorrido y muchas lágrimas derramadas.

El 90% de las personas que tienen dislexia no lo saben. En un sistema en el que el papel educativo bascula demasiado hacia el aprendizaje memorístico, colectivo y poco individualizado, la posibilidad de frustración académica aumenta en las personas con dificultades.

 

Raquel se siente muy orgullosa, y así debe estarlo, de quién es y cuánto ha logrado gracias a su esfuerzo, el mismo que continúa día a día. “Cuando cursaba Educación Secundaria ya daban por hecho que fracasaría”, explica Raquel, quien aún hoy continúa luchando con un mapa de letras bailando en su mente cuando ha de escribir, pero que, gracias a “ayuda privada porque no fue iniciativa del centro en el que cursaba, detectaron que era dislexia y le proporcionaron los medios  para poder seguir avanzando en su propósito educativo”, incide María.

Cuando una persona es diagnosticada con dislexia existen medidas en los exámenes y otros instrumentos de evaluación como “la adaptación de tiempos, así como del modelo de examen y la evaluación, y se le dan facilidades técnicas/materiales y se adapta el espacio”, sostiene López.

 

Pero resulta un esfuerzo titánico cuando quieres avanzar y no puedes. Aunque se adoptan medidas son insuficientes, en pruebas como la EBAU “has de aprenderte las palabras de memoria y pensar dónde has podido errar para corregirlo”, apunta Moreno. Y es que debería darse la despenalización de los errores ortográficos en exámenes y tareas escolares de todo tipo; “dado que el alumno con diagnóstico de dislexia, con una adecuada intervención puede reducir su nivel de errores ortográficos, resulta prácticamente imposible reducirlos a niveles mínimos en comparativa con escolares no disléxicos. Por tanto, la no inserción de esta medida no resulta razonable. Una situación que también se produce en la EBAU”, concluye López.

Recuerda, ser disléxico no es sinónimo de tener falta de inteligencia. La dislexia es solo un trastorno relacionado con las habilidades en la lectura y escritura, no con aquello que comprendes o asimilas.

 

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