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Huércal de Almería revive la vega del Río Andarax de la década de los 60

La Recreación Histórica “Los Senderos del Agua”, que ha tenido lugar en el municipio, rinde homenaje a la memoria colectiva de los mayores y da a conocer a los más jóvenes la importancia de la cultura del agua en la zona

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El Bajo Andarax conforma una comarca perfectamente definida que tiene en el río el eje que la vertebra y le confiere identidad. Aunque pueda resultar difícil de creer siendo el río Andarax, un río de escaso caudal, pero que puede hacer nacer un paraíso entre desiertos, un vergel tan singular. Y, es que esconde sus secretos eso de ”Andarax, Andarax y no te mojarás”. Precisamente este chascarrillo popular en la zona era uno de los pronunciados durante la Recreación Histórica “Los Senderos del Agua”, que ha tenido lugar en Huércal de Almería.

Una visita teatralizada consistente en un paseo por la vega del Río Andarax a su paso por el municipio y en la que personajes como el señor ferroviario, la romera, el molinero, la lavandera, el agricultor y la maestra encargada de guiar al grupo, trasladaban al más de medio centenar de participantes a la huerta de los años 50 y 60, con toda su esencia, su contextualización histórica, y los ingredientes indispensables en cada una de las recreaciones que lleva a cabo Viajar en el Tiempo: las emociones. Una experiencia original y muy divertida que, sin duda, no dejaba indiferente a ninguno de los senderistas que se animaron a acercarse.

El Andarax regala a Huércal una historia compartida con sus vecinos Rioja, Gádor, Viator, Pechina, Benahadux y Santa Fe.

De los romanos quedaron los acueductos y de los árabes, las norias y las acequias. Una historia que se debe poner en valor para que las nuevas generaciones conozcan la importancia de la cultura del agua en Huércal de Almería.

La dinamización turística del Ayuntamiento de Huércal ha impulsado la recuperación y el mantenimiento de los diferentes elementos arquitectónicos que forman el sistema hidráulico del pueblo, un buen ejemplo de ello es la reconstrucción de uno de los lavaderos del pueblo el de Los Peñoncillos, uno de los puntos de la visita en los que Filomena la lavandera, uno de los personajes más emblemáticos de la época, hacía su gran puesta en escena y recodaba aquellos días en los que la colada tomaba una jornada completa a la que debían sumar: cocinar, fregar, limpiar la casa, cuidar de los hijos, acarrear el agua, remendar la ropa y así un largo etcétera de quehaceres diarios.

Tampoco faltaron a la cita oficios de antaño hoy ya olvidados como el molinero, que tras años luchando por labrar un futuro a sus hijos estos se adentraban en los nuevos tiempos abandonando el molino harinero que les permitió crecer sin que les faltase de nada.

A ellos, se sumaron la maestra: Doña Obdulia, una mujer muy querida en la época, así como la naranjera, el ferroviario y el agricultor. Un viaje al pasado, a la huerta huercalense de mediados del siglo pasado que ha sentado las bases de nuestro presente todo gracias a un bien más que preciado para la humanidad: el agua. Y es que como bien versaba Miguel Hernández “Si el hombre es recuerdo, el agua es memoria, Si el hombre está vivo, el agua es la vida”.

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